3. De barro somos

Comunidad náutica, en esta ocasión les compartimos el tercer fragmento del libro
“50 Aniversario del Club Veleros Barlovento”, «De barro somos»

Esperamos que lo disfruten.


LA GESTIÓN POR LAS TIERRAS

Corría el final de la década del 50. El transcurrir de los meses desde la fundación mostraba que la realidad era menos romántica que el ímpetu de los fundadores. Al cabo de un año obtienen por decreto del Poder Ejecutivo Nacional (PEN) la personería jurídica como Asociación Civil sin fin de lucro.

Aunque los trámites por las tierras ya se habían iniciado, la ocupación definitiva sólo pudo concretarse cuando se obtuvo el permiso. Mientras tanto, se abocan al trazado de un plan que incluye dragados y construcciones. En su confección participan activamente José Gallo, Miguel Gómez Verdasco, Antonio Capitán, Juan José Ferrón, José y José Antonio Moras.

Se decide encarar obras de nivelación del terreno. Para la limpieza se contrata a dos isleños, los hermanos Ojeda; para cuidar los materiales, que se almacenan en una precaria casilla de madera, se toma como sereno al casero de la familia Pereda. Si bien otras instituciones gestionaban sus tierras, sólo el Club Sudeste estaba ya apostado en el juncal cercano; la gente del Victoria se reunía en lo que hoy es el Barrio Pagliettini.

Durante este período de planificación y tránsito por burocráticas oficinas, varios socios se turnaban tesoneramente para ir hasta La Plata, al Ministerio de Economía y Hacienda, Dirección de Promoción del Turismo, donde estaba radicado el expediente. Allí fueron repetidas veces A. Capitán, J. J. Ferrón, H Ferrara, M. Carnota, M. Gómez Verdasco y, por supuesto, J. Gallo, quien en uno de eso viajes chocó con su Jeep y tuvo que permanecer internado mas de un mes.

Las reuniones de comisión directiva aun se realizaban en los salones del CUBA. En el acta de la N° 11, del 22 de abril de 1959, se transcribe una nota del expediente ante el Ministerio de Obras Públicas, Secretaría de Estado de Obras Públicas, Departamento Mesa General de Entradas, Salidas y Archivo. «Sr Director Principal: El terreno cuya posesión solicita el Club de Veleros Barlovento al gobierno de la provincia de Buenos Aires pertenece al dominio público provincial; corresponde notificar a la entidad recurrente que, antes de iniciar cualquier obra en el lugar, debe solicitar de la Secretaria de Estado de Obras Públicas de la Nación la declaración que prescribe el S D. del 31 de mayo de 1909 (Boletín Oficial 4605). En esa oportunidad deberá presentar plano, memoria descriptiva y presupuesto de los trabajos que proyecta realizar, todo ello en original y tres copias y suscripto por un técnico con la firma registrada en la repartición.» Firmado: Ing. V. Pasalacqua, a cargo de la repartición de Construcciones Portuarias y Vías Navegables.

El Ing. José Mario López Setti realiza los primeros planos de los dragados, las dársenas y las  instalaciones proyectadas, que se presentan ante la Dirección de Promoción del Turismo en noviembre de 1959

Poco antes, en reunión de comisión directiva del 30 de septiembre de 1959, se había aprobado la primera solicitud de ingreso. Era la del socio activo N* 31, Enrique ‘Chulín’ Vázquez, personaje singular que trepaba al mástil como un gato, amenizaba las fogatas en los viajes crucero y supo ganarse el aprecio de todos. Después se acercarán muchos más, atraídos por la difusión de boca en boca, los avisos en los medios especializados y un cartelito cerca de las vías que decía «Se aceptan socios».

En septiembre de 1961, tres funcionarios del Departamento Topográfico de la provincia de Buenos Aires, acompañado por Antonio Capitán y José Moras, efectúan la medición del terreno donde, para recaudar fondos y como toma de posesión paulatina y simbólica, ya se venían organizando asados, para reunirse y juntar fondos.

Todos los sábados llegaban los socios desde el alto, en tren o en colectivo. A veces venían del Sarandí, caminando desde San Isidro por la trocha abandonada del Tren del Bajo clausurado en 1961 (Tren de la Costa desde 1992). El que tenía auto, algo no muy común en la época, estacionaba antes del terraplén, barrera artificial para el río, sobre la cota de los 4 metros. Si la marea lo permitía, el lugar preferido para el asadito era cerca de la canaleta, bajo unos sauces que estaban donde luego se haría el Quindío; si no, la peña era en los terrenos de Pereda. A medida que crecían el entusiasmo y el compromiso, también los domingos fueron días de encuentro junto al río.

«Los trámites de concesión del terreno ante las autoridades provinciales han llegado a un feliz termino, cediendo al club una fracción de tierra en la localidad de San Fernando, sobre la margen oeste del río Luján, con un frente sobre el río de 300 metros y de fondo 262 metros, cuya superficie es de 10 hectáreas aproximadamente.» (Acta de Asamblea 20-12-1962)

En efecto, en noviembre de 1962 -cuatro años, seis meses y muchos pasillos recorridos después de la fundación- se había logrado la concesión del terreno situado entre los mojones N° 64 y 66, con una superficie de 9,332175 hectáreas. La posesión de este lote fiscal provincial situado en Victoria, San Fernando, se hizo efectiva en enero de 1963.

Según consta en la Memoria y Balance del séptimo ejercicio, otros clubes que a medianos de 1965 ocupaban terrenos fiscales en el ámbito de la provincia de Buenos Aires eran Yacht Club Buenos Aires, Club Náutico Belgrano, Club Náutico Albatros, Club Obras Publicas, Club Náutico San Fernando, Club San Fernando, Club Náutico General Don José de San Martín, Club Náutico Sudeste, Club Social y de Fomento Victoria, Yacht Club San Isidro, Yacht Club Olivos y Club Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Todos ellos tenían la responsabilidad de afianzarse con el vigor y la energía de sus obras. Así lo hizo el Barlovento.

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