Buenos vientos Hormiga Negra

HERNÁN ÁLVAREZ FORN, Hormiga Negra Julio 1926- 15/11/2020
In memoriam

A Hormiga Negra lo conocí desde siempre porque era muy amigo de papá ya antes de que yo naciera. El sobrenombre, contaba, se lo había puesto de chiquito su tío Carlos Ezcurra, uno de los dueños del doble proa Tiburón. Su nutrida prosapia de yachtsmen y marinos constituía para él un orgullo y le encantaba mencionar los que vinieran al caso en sus conversaciones y anécdotas, frecuentemente referidas a episodios históricos. Arquitecto de profesión, era escritor, navegante y también pintaba y dibujaba ¡Qué gracia, qué elocuencia la de sus personajes náuticos, golfistas y otros! También escribía seriamente, porque era hombre ilustradísimo. Pero el don humorístico era su ángel, y su genio para la sátira era del nivel de un Oscar Wilde, como lo demostró tantas veces su cáustico duende Bastardillo. Hormiga Negra comenzó escribiendo Rumbo 64º, la crónica de un crucero de San Isidro a la Barra de San Juan, en la revista Barlovento, de Marcelo L. Biasotti, mi padre, cuando ambos tenían poco más de veinte años de edad. Publicó su primer libro, Mensajes en Botellas, en 1958, narrando la IV Regata Buenos Aires-Río de Janeiro a bordo del Circe. En esa regata participó como diez veces, cinco Buenos Aires-Mar del Plata, dos Las Mil Millas Chilenas, una Newport-Bermudas, y quien sabe cuántas regatas más, intercaladas con un crucero al Cabo de Hornos al mando del queche Náutico, del CNSI, al que también comandó en cuatro cruces transatlánticos incluyendo Colón ´92, circunnavegó Tierra del Fuego, y recorrió la Isla de los Estados. Versado en las naves del lejano oriente, durante años lo vimos navegar por el Plata en su Hormiga Negra, una canoa isleña que convirtió en un junco chino con todas las de la ley. Luego tuvo su barco más famoso, el Pequod, un Van der Stadt de chapa con el que, junto a tres jóvenes tripulantes, entre ellos una hija suya, fue el primer navegante deportivo argentino en llegar la Antártida. Fruto de aquella expedición fue su libro Antarktikós. Invitado de honor consuetudinario en buques de la Armada Argentina, recorrió miles de millas en la fragata Libertad, el rompehielos Almirante Irízar, y realizó otros tres viajes a la Antártida en las expediciones del Ice Lady Patagonia. Su libro La indemostrable gloria del capitán Carl Tidblom es un valioso aporte a la historia del continente blanco. También escribió Cronicón de un Marinero; La Tempestad y después; Memorias posibles de Luis Piedrabuena; Léxico Marinero; y Manuel Domecq García, la forja de un marino. Además, ilustró La Cocina del Navegante, de Marcelo L. Biasotti; 60.000 Millas en el Ice Lady Patagonia, de Jorge May; y Refranes de La Mar, de Benito Chereguini. Durante siete décadas publicó cientos de artículos, siempre excelentes, en las revistas Yachting Argentino, Barcos, Bienvenido a Bordo, y varias más.
Si bien mi amistad con Hormiga Negra podría sencillamente haber sido hereditaria, quiso el destino que cuando yo era muy joven y él de mediana edad, en 1973, fuéramos compañeros el XIII Curso de Pilotos de Yate, y estrecháramos nuestros vínculos. Con los años y más experiencias compartidas, tuve el honor de editar y prologar uno de sus libros más notables: El Nauticomio de Hormiga Negra. Él prologó a su vez, De Buenos Aires a Nueva York a Vela en 1917, mi edición del viaje realizado por su profesor de arte del Colegio Nacional de Buenos Aires. Era socio vitalicio del Club Náutico San Isidro, también fue declarado Personalidad Destacada de San Isidro. Recibió más honores y tuvo más méritos que los que acierto a enumerar. Gran artista, sus pinturas en acrílico y sus acuarelas y dibujos a pluma atraen la mirada y mueven a sonreír cuando cabe, o a la contemplación si es el caso. Una de sus excelentes marinas adorna la pared de mi escritorio, es El Eos II en el Océano Índico, cuadro que ilustra la tapa de mi propio libro Del Plata a Sudáfrica Sólo y a Vela Pura. Hace un cuarto de siglo pintó ese cuadro motu proprio y me lo obsequió sin más. Un gesto de grandeza.
Hernán Luis Biasotti. San Isidro, 16-11-2020