8. Escuela de vida

Comunidad náutica, en esta ocasión les compartimos el octavo fragmento del libro
“50 Aniversario del Club Veleros Barlovento”, «
Escuela de vida»
Esperamos que lo disfruten.

Escuela de vida

Actividad náutica

El club de Veleros Barlovento fue fundado con una profunda vocación náutica por auténticos navegantes a vela, que desde un principio comenzaron a competir en todo tipo de regatas, a nivel nacional e internacional; nació con ansiedad de deporte. Pero, por sobre todas las cosas, dedicaron su esfuerzo a la enseñanza de la navegación a vela a mayores y jóvenes

Primeros alumnos.

Ya en 1962 fue todo un acontecimiento entre los asociados la despedida del Supercadete Andorinha, velero que parte para correr la 6ta Regata Buenos Aires – Río al timón su propietario, el socio fundador Juan José Ferrón, acompañado por otro fundador, José Gallo. Antes J. J. Ferrón se lucía en la cancha con su Campos, el Farruco II. Otro que sabía correr regatas y ser nota en las revistas náuticas de la época era José Antonio Moras con su Jelip; su aval natural era su gemelo Y a mi qué, de Elizalde, cuyo tripulante era Héctor Signorelli.

Mientras planifican el club y la primera escuela de náutica para menores, organizan regatas internas, divertidas, donde la voz de partida se daba con los barcos aun fondeados. O, para cortar la tornada de duro trabajo en el Juncal, partían desde el interior de la bahía hasta la boya 19, ida y vuelta. Organizaron también concurridas caravanas a Colonia y San Juan (Uruguay).

Primer Optimist

Prontamente la nueva institución fue reconocida por la Prefectura Nacional Marítima (PNA) gracias a los tramites efectuados por L. E. Simonet y H. Ferrara. Así el club comenzó a emitir matrículas para embarcaciones, autorizar el uso del gallardete y extender carnets de timonel, por lo cual, además de una subcomisión de Regatas, siempre se conformará una Comisión Examinadora, que dicen, era más que exigente tanto en el nivel teórico como en la parte práctica, la cual debía rendirse ante el Capitán de la institución

Luego el club sería reconocido por las autoridades nacionales del yachting: por el Yacht Club Argentino (YCA), en 1966, y por la Federación Argentina de Yachting de Carrera (FAY), a la que se afilia en el 67.

El club participa en el Consejo Consultivo del Deporte Náutico de la Prefectura Nacional Marítima. Los clubes náuticos que interactuaban activamente, vieron la necesidad de contar con una entidad de unión; así surge la Asociación Argentina de Deportes Náuticos por idea de José Gallo, muchos años presidida por él. Cumplió un importante rol entre las entidades náuticas y fue antecesora de la Unión de Entidades Náuticas (UNEN). Será la responsable de las gestiones de los pasos permitidos para la navegación deportiva, por el recién dragado Canal Mitre, a la altura primero del Pilote 10 y luego del Pilote 8.

Primera instrucción de regatas, desde el km 25,800 hasta el km 19, canal costanero.

 

Al ancla en la bahía.

Primeros barcos. Primera matrícula.

En los primeros tiempos, profundizada la canaleta y aun con la draga en la bahía, algunos socios deciden fondear en el nuevo puerto. Los primeros en llegar son el Moonglow de Jorge Vincini Monja, quien se entera del nuevo club mientras estaba en reparo en el Bouchardo, y el Silhouette, un 50 metros internacional, scratch de la flota (15,50 de eslora, con quillote original) de Aldo y Héctor Suárez y Carlos Ricart, quienes al pasar por el río ven el cartel del club desde la costa, pero por no saber el calado de la nueva bahía no se animan a entrar y vendrán a conocerlo por tierra, en la vía los esperaba un cartel: «Se aceptan socios». El tercer velero fue el Susana Martha, de Abraham Benchetrit, quien viene del YCSI porque conoce en San Juan a M. Gómez Verdasco que estaba en un Lightning. Todos ellos recuerdan que esa etapa al ancla era como estar de vacaciones en Riachuelo (Uruguay).

CVB Matrícula N1, Velero Tahití-Nuí.

Luego del tendido de amarras, llegan más veleros: el Rumbo, de Miguel Gómez Verdasco, el Fauno de José Gallo y su gemelo el Farruco lo, de J. J. Ferrón, el 15 metros internacional de ‘Cuerito’ Fernández, el Nahati, de P. O. Cueto, quien vivió a bordo en el club. También llega el Tahití-Nui, del primer socio activo Enrique “Chulín” Vázquez, el cual será el primer barco matriculado en el club, y los que dormían en tierra, como el Lightning Patán, de Oscar Bonfiglio y Horacio Cabrera.

Otros apturados por llegar a buen puerto son el He-No, ya con A. M. Venga; los barcos que H. Signorelli y J. Moras hacen construir por Regge, el reconocido constructor, fundador del club; el Norina de Armando Cobianchi, quien era un asiduo regatista de Lightning en los famosos octágonos frente a Olivos, representando al Náutico Belgrano.

Enseguida llegarían al club los primeros veleros de otras banderas que ya por entonces recorrían los mares del mundo: el Fredyia, el Helenelli, el Sundowner. Todos recuerdan la visita del navegante francés Marcel Bordeux, cuando recaló en el club con su Quatre Vents. Regresará en 1988, a los 77 años de edad, ahora con el lnox; ya para entonces había navegado mas de 325.000 millas.

Algunos socios, cuyos veleros tenían menor calado, cuentan haber entrado directamente a la bocana viniendo derecho desde la desembocadura del San Antonio, navegando sobre el incipiente juncal de la orilla de enfrente. También recuerdan que cuando iban a San Juan lo hacían casi a rumbo desde la farola de San Isidro y más tarde desde el Km 19 del Costanero. Casi todos entraban a vela en la bahía, aún hoy algunos socios respetan esta tradición. Heriberto Ferrara recuerda haber prendido sólo dos veces el motor de su Cachirulo.

 

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